La meditación ha sido tan necesaria en el pasado como lo es ahora en estos días de celulares, de redes sociales e inteligencia artificial, porque estamos hablando de una disciplina diseñada para propiciar la evolución humana.
Siendo así, la meditación no tiene que ver con épocas históricas, con culturas orientales u occidentales, ni tampoco con razas ni creencias religiosas. Tiene que ver estrictamente con el ser humano.
Sin embargo, es probable que no nos equivoquemos al afirmar que hoy día es aún más necesaria porque todas estas tecnologías afectan de manera determinante nuestra mente llevándonos a desarrollar verdaderas adicciones que alteran nuestros comportamientos sociales, afectan nuestra relación con nosotros mismos y los demás, generan mucha ansiedad, temor y depresión, una falta de valoración de nuestro propio potencial como seres humanos, intensifica la dispersión, la falta de atención a lo que nos rodea y a lo que sucede en nuestra propia vida.
Muchas personas tienden a pensar que, con simplemente sentarnos sobre el cojín con las piernas cruzadas, todo lo que proporciona la meditación es un buen rato de relajación, algo así como un magnífico rato en un spa.
Quizás gran parte de esta equivocación pueda ser consecuencia de que, cuando el budismo llegó a occidente lo hizo acompañando a la imagen del Buda sentado en meditación y esa posición nos llevó a asumir que la meditación tiene que ver con solo eso, con estar sentados con las piernas cruzadas para relajarnos y tranquilizar la mente durante un rato. Pero eso no es todo lo que brinda la meditación.
La meditación es una herramienta psicológica transformativa que nos permite reconocer la naturaleza de nuestra propia mente, de los pensamientos y emociones, y alcanzar un estado permanente de paz interior, de contento, de claridad mental, satisfacción personal y liberación de condicionamientos negativos.
Esto a su vez abre la mente a un mayor desarrollo espiritual ampliando nuestro campo de comprensión, de empatía y compasión, donde el egocentrismo va disminuyendo progresivamente y a su vez se va desarrollando una mayor amplitud de mente y calidez de corazón. Pasamos de vivir centrados exclusivamente en nuestra felicidad personal, en la de nuestros familiares, amigos y conocidos, a desarrollar sincero interés en la felicidad de otros, los conozcamos o no.
Aprender meditación nos ayuda a desarrollar la atención del “eterno viajero”, la consciencia de estar de paso por esta vida y el anhelo entusiasta y alegre de no querer perdernos de nada.